Capítulo Loja
El legado de Isidro Ayora Cueva: vigencia y trascendencia histórica
La Academia Nacional de Historia, Capítulo Loja, acertadamente dirigida por la educadora, escritora y gestora cultural, doña Susana Álvarez Galarza, y la Casa de la Cultura Ecuatoriana «Benjamín Carrión», Núcleo de Loja, llevaron a cabo en el Teatro de Artes «Segundo Cueva Celi» de la ciudad de Loja, el 29 de abril del año en curso, un notable evento histórico y cultural denominado Simposio Nacional «Isidro Ayora Cueva: a los 100 años de la mayor transformación institucional del Ecuador», en el que tuve el gran honor de participar con la ponencia «Isidro Ayora Cueva: pensamiento médico y legado en la obstetricia ecuatoriana».
Constituyó un encuentro de gran trascendencia en el que se ensalzaron las múltiples facetas del ex presidente del Ecuador y que abordó aspectos relevantes de su legado profesional como médico y las fecundas transformaciones producidas en el ejercicio de sus funciones como mandatario. Sin duda alguna, fue una ocasión ineludible para realizar un reconocimiento a su labor y un homenaje a su memoria.
Luego de una creativa apertura del simposio por parte del pintor, escultor y escritor lojano, Estuardo Figueroa Castillo, y bajo la moderación del filósofo doctor Galo Guerrero Jiménez, se desarrollaron interesantes ponencias tituladas «Crónica sobre la vida familiar de Isidro Ayora Cueva», a cargo del jurisconsulto, historiador y cronista de Loja doctor Efraín Borrero Espinosa; «Gobierno del Dr. Isidro Ayora Cueva: antecedentes históricos coyunturales», presentada por el abogado Luis González Astudillo, historiador; «Isidro Ayora Cueva: el estadista de la nacionalidad ecuatoriana», por parte de la historiadora y académica quiteña Ingrid Díaz Patiño; «La Constitución de 1929 y la legislación laboral en la Revolución Juliana», por el doctor Jaime Guzmán Regalado; «Isidro Ayora Cueva y la participación ocupacional de la mujer en el Ecuador», por parte de la doctora Sonia Ruiz Ortega; e «Isidro Ayora y Loja: entre la esperanza y la frustración», bajo la responsabilidad del doctor Galo Ramón Valarezo.
En el ámbito médico, con alguna regularidad, se ha considerado el papel de Isidro Ayora en las medidas tomadas para combatir la epidemia de la gripe española de 1918 como el más conocido y significativo. Sin embargo, se debe recordar que Ayora fue médico obstetra ginecólogo, por lo que su aporte en esta especialidad es también fundamental de ser recordado.
En efecto, en los albores del siglo XX, el doctor Isidro Ayora Cueva fue el ejecutor de cambios médicos esenciales en la atención de dos enfermedades infecciosas que aquejaban a las parturientas y sus hijos: la fiebre puerperal y la oftalmía purulenta del recién nacido, mediante la introducción de técnicas de desinfección y prevención; e innovaciones quirúrgicas, como la primera cesárea realizada por Ayora en la Maternidad de Quito el 19 de febrero de 1918, según el historiador Héctor Coral. Estos acontecimientos transformaron radicalmente la atención de la mujer embarazada y dieron inicio a un nuevo modelo de obstetricia médica en nuestro país.
En esto se basó mi ponencia: destacar la labor de Isidro Ayora Cueva como obstetra, cuyo accionar sentó las bases médicas, filosóficas, científicas, académicas, bioéticas, administrativas y sociales para el surgimiento de lo que he denominado la Escuela Obstétrica Quiteña.
Es indispensable también rememorar que otra gran lojana, Matilde Hidalgo Navarro, cuya trayectoria destaca por sí sola, recibió el soporte del doctor Isidro Ayora Cueva al dirigir su tesis de grado titulada «Estudio sintomático de los accesos eclámpticos», relacionada con la eclampsia, otra enfermedad obstétrica muy propia de los países en vías de desarrollo. El 21 de noviembre de 1921 Matilde Hidalgo Navarro leyó su tesis ante el tribunal respectivo, fue aprobada, y así se convertía en la primera mujer graduada de médica en Ecuador por la Universidad Central del Ecuador.
Este último suceso también fue motivo de análisis y rememoración en este Simposio Nacional que nos brindó la oportunidad de revitalizar este legado del doctor Isidro Ayora Cueva al cabo de cien años. A todas luces, ya era tiempo de materializar un acto de justicia como este.
Dr. Enrique Noboa Flores