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CRISIS NO ES FRACASO

P. Lic. Mauricio Aldean Toledo

Quiero empezar por algo muy sencillo: entendamos bien las palabras. La palabra «crisis», viene del griego krisis, del verbo krinein. ¿Y qué significa krinein? Significa separar, discernir, decidir. Atención: crisis no significa caos. No significa que todo se acabó. En la agricultura, crisis era el momento de aventar el trigo: separar el grano de la paja. En medicina, crisis era ese momento crucial donde el médico dice: «o se recupera o se complica». Es el punto de quiebre. En la vida, crisis es eso: un momento donde la vida te dice «detente, juzga, elige, separa lo que sirve de lo que no sirve». Una crisis es un punto de inflexión. Es la puerta para una nueva etapa. Puede ser para bien o para mal, pero crisis en sí no es fracaso.

Ahora hablemos de vocación. Viene del latín vocare: «llamar». Vocación es un llamado. Al inicio se usaba solo para el llamado a la vida religiosa. Hoy lo usamos más amplio: es esa voz interior que te dice «por aquí es». Puede ser un llamado al sacerdocio, al matrimonio, a una profesión, a una misión. Entonces, si unimos las dos palabras: «crisis vocacional». Es el momento fundamental donde tienes que separar el grano de la paja frente a ese llamado que llevas dentro. Es cuando te preguntas: ¿esto es lo mío? ¿Sigo por aquí o Dios me está pidiendo otra cosa? Y no, no es fracaso. El fracaso es cuando algo se malogró y ya no hay nada que hacer. La crisis es justo lo contrario: es la oportunidad de decidir bien. ¿Y por qué vienen las crisis vocacionales? Porque somos humanos y vivimos en un mundo complicado. Por dentro: A veces nos desencantamos. La realidad no fue como la idealizamos. Cambiamos. Maduramos. Nos duelen pérdidas. Descubrimos que no era por ahí.

Por la familia y los amigos: Hay padres que deciden por nosotros. Hay amigos que nos presionan. Hay voces que gritan más fuerte que la nuestra. Por la sociedad: Vivimos en una cultura de inmediatez, de consumo, de «ten más, disfruta más». Nos venden que el éxito es solo dinero. Y eso ahoga cualquier búsqueda de propósito. No estamos viendo la crisis desde afuera. Estamos dentro de ella. En lo religioso también: Hay descristianización, hay comunidades débiles, hay una cultura mediática que muchas veces se burla de la fe. Todo eso pega. Al final, una crisis vocacional no es una sola causa. Es la mezcla de lo que siento por dentro, lo que me dice mi familia y lo que me grita el mundo. ¿Y qué hacemos entonces?

Miremos a Mateo. Jesús iba caminando y lo vio sentado en la mesa de impuestos. Y solo le dijo: «Sígueme». Mateo no tenía todo claro. Tenía una vida, un trabajo, una reputación. Pero en esa crisis, en ese momento de decisión, supo separar. Dejó la mesa, dejó el dinero, y eligió seguir. Por eso me encanta esta frase del Papa Benedicto XVI: «El mundo te ofrece comodidad. Pero no fuiste hecho para la comodidad. Fuiste hecho para la grandeza».

Hermano, hermana: si hoy estás en crisis, no te asustes. No es el final. Es el momento de discernir. Es Dios diciéndote: «separa el grano de la paja. Decide. Elige la grandeza». Porque crisis no es fracaso. Crisis es llamado.

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